Historias de vida

Nuestra gente

Ignacio Tomichá Chuvé, Profesor de bésiro (idioma chiquitano)

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“Recuperar el uso de nuestra lengua originaria es recuperar nuestra historia”

Ignacio Tomichá Chuvé es un joven profesional chiquitano nacido en Concepción (provincia Ñuflo de Chávez), que se ha impuesto la misión de rescatar el idioma de su gente para que no desaparezca.

En sus épocas de colegio estudió en la comunidad  Monteverde donde los profesores sólo se comunicaban en castellano, mientras el uso del bésiro caía en el olvido. Ya en Santa Cruz, estudió Ciencias de la Educación y Lingüística en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno UAGRM y comprendió que eran necesarias acciones urgentes para recuperar el idioma de sus ancestros.

Ignacio lamenta que muchos chiquitanos hayan perdido la capacidad de comunicarse en bésiro, sea por desconocimiento o porque el uso de este idioma les causaba vergüenza. Pero las cosas están cambiando, explica el profesional chiquitano. La nueva Constitución Política del Estado revalorizó lo indígena en el país y entonces surgió un renovado interés por las lenguas originarias. Convencido que había llegado el momento para ello, Ignacio inició el aprendizaje del bésiro.

A la fecha, se desempeña como profesor de bésiro para docentes y administrativos de la UAGRM mediante la Unidad de Coordinación de Pueblos Indígenas de la Facultad de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales.  

Además, Ignacio creó la página Monkox bésiro en la red social Facebook, mediante la cual promociona el aprendizaje de la lengua chiquitana con gente de su propia cultura y otros cruceños interesados.

“Solamente entre el 6 y el 10% de los chiquitanos hablan y escriben en bésiro, pero estamos seguros de que eso va a cambiar. Recuperar el uso de nuestra lengua originaria es recuperar nuestra historia”, afirma el docente.

Isaac Chiqueno - Comunidad Degüi

Isaac Chiqueno

“Voy a estudiar para profesor, para que los niños ayoreos no se olviden de su cultura”

Con 50 años bien llevados, don Isaac Chiqueno comunario de la comunidad ayorea Degui y que años atrás fuera presidente de la Asociación de Residentes Ayoreos Degüi (ARAD) en Santa Cruz de la Sierra. A pesar de las difíciles condiciones que atraviesa la gente de su comunidad en la capital cruceña y al escaso tiempo que le deja libre su ocupación como chofer y dirigente (fue integrante de la Coordinadora de Pueblos Étnicos de Santa Cruz  CPESC), tiene el orgullo de ser uno de los primeros bachilleres del pueblo ayoreo, logro que alcanzó el año 2011.

Sin importar el  esfuerzo y sacrificio que le significó lidiar con elementos tan extraños a su cultura como la lectura y las matemáticas, Chiqueno es un ejemplo viviente de superación personal.

Ya egresado del colegio, ahora pretende profesionalizarse para transmitir el conocimiento a las nuevas generaciones. “Voy a estudiar para profesor, para que los niños y niñas ayoreos no se olviden de su cultura”, expresa Don Isaac. Razones de sobra tiene para ello. Los ayoreos son la última nación indígena del departamento en tomar contacto con los ‘cojñoñe’ (no ayoreos). Las casi 100 familias ayoreas de su comunidad adolecen de serias limitaciones en las áreas de salud, educación, servicios básicos y vivienda.

Cuando don Isaac mira las precarias viviendas de su comunidad, donde las paredes de tabique y techos de calamina son la constante, la exclamación le sale del alma: “Todavía falta mucho camino por recorrer”. La comunidad está enfrascada en una “batalla de bajo impacto” con el municipio para que este autorice el mejoramiento de las viviendas.

Hace poco,  la ARAD consiguió que la Alcaldía cruceña ratifique la concesión de los terrenos donde se encuentra la comunidad Degüi por 30 años, pero la intención de los ayoréode urbanos es que la comuna les dote un terreno más grande, donde puedan mejorar su calidad de vida.

Norma Zeballos Tomichá - Ingeniera agrónoma chiquitana

“La educación es lo más grande y la única forma de superarse. Uno se convierte en un ejemplo”

A poco de nacida en Santa Cruz de la Sierra, Norma Zeballos Tomichá fue llevada por sus padres a la casa de sus abuelos, en San José de Chiquitos. A sus 18 años y recién egresada bachiller del colegio Santa Clara, Norma “soñaba” con llegar más alto y se trasladó a la capital cruceña donde buscó trabajo como niñera para pagar sus estudios superiores, pero le fue mal y retornó a San José.

En su pueblo postuló a una beca en Derechos Humanos, Medioambiente y Pueblos Indígenas de la Escuela Amazónica de Derechos Humanos y pasó cuatro meses en Ecuador. El viaje al extranjero le despertó el deseo de continuar su instrucción y una vez más retornó a Santa Cruz de la Sierra a probar fortuna.

Decidida a quedarse definitivamente en la capital, Norma trabajó en una heladería del centro de 7:00 de la mañana a 12:00 de la noche por Bs 400 mensuales. El bajo sueldo y el alto costo de los alquileres la obligó a retornar a San José nuevamente. 

Luego de dar vueltas por varios trabajos y de idas y venidas, finalmente encontró la estabilidad necesaria en una tienda de artesanías tradicionales donde el sueldo y el horario le permitieron estudiar Ingeniería Agronómica en la universidad Gabriel René Moreno, donde se tituló con méritos como ingeniera agrónoma (titulación directa) el 2010.

Norma relata que nada es fácil al principio. Cuando sus ingresos le permitieron alquilar un cuarto, los primeros días tuvo que dormir en el suelo, pero con constancia logró adquirir sus primeros muebles. “Mucha gente tiene la posibilidad de estudiar y no la aprovecha, sin darse cuenta que la educación es lo más grande y la única forma de superarse. Uno se convierte en un ejemplo para su comunidad y en un ejemplo para sus hijos”, afirma con convicción. 

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