Problemática en la ciudad

Vivienda y servicios básicos

Las viviendas de los hombres y mujeres indígenas que viven en el municipio precarias. Existe hacinamiento y limitado acceso a los servicios básicos. La mayoría de las familias viven en cuartos de alquiler o como caseros en zonas periféricas. El Censo 2012 indica que un 46,6 % de los habitantes de los 6 pueblos indígenas tiene casa propia, sin embargo gran parte indica no tener el título de propiedad, que desde su visión, es el que le da “la garantía para estar tranquilo”. Es decir, se trata de viviendas construidas en espacios públicos, áreas verdes, en asentamientos privados “loteados”, ventas irregulares o en áreas en proceso de urbanización sin la aprobación del Gobierno Municipal. 

Con referencia a la calidad de la vivienda, el Censo 2012 señala que un 78% de los habitantes de los 6 pueblos indígenas y afrobolivianos viven en viviendas con revoque, como  un indicador más o menos confiable respecto a la calidad de la vivienda. El 39% usa baño privado, el 55% baño compartido y el 6 % no tienen baño. El 91% se sirve agua de cañería de red, el 97% usa electricidad y el 76% dispone su basura en carro basurero. 

Idioma materno: un componente estratégico de fortalecimiento cultural

El 99% de las familias ayoreas se comunica en su propio idioma en diferentes espacios de su vida comunitaria. En el caso guaraní, son especialmente los adultos y adultos mayores los que hablan su idioma materno, pero también se expresan en castellano. En el caso de los chiquitanos, se están encarando varias iniciativas para conservar su idioma, el bésiro, el que incluso en las áreas rurales está en situación de peligro. En cuanto a la nación Gwarayú, es bilingüe, mantienen el uso de su lengua entre miembros de la misma nación, pero también se comunican en castellano. En el caso de los yuracaré y mojeños, algunos hablan yuracaré y otros el mojeño. Sin embargo, el idioma que les permite comunicarse entre ellos y con “los otros”, es el castellano.

Las nuevas generaciones hablan el idioma materno en el entorno familiar y emplean el castellano en la escuela y en otros espacios de convivencia social. Por lo tanto, es posible que la comunicación en el idioma materno no tenga la misma riqueza que entre los adultos, y su uso sea de menor intensidad (APCOB 2014).

Educación

La mayoría de la población indígena mayor de 15 años sabe leer y escribir, aunque la proporción es menor entre las mujeres. Casi el 100% de los niños y niñas asiste a la escuela. Según el Censo 2012, el 25 % de la población indígena accedió a instrucción primaria, 52% a educación secundaria y sólo el 8 % logró graduarse de la universidad.

Los niños, niñas y adolescentes indígenas muchas veces asisten a escuelas alejadas cuando no existe cupo en las escuelas cercanas a sus barrios o comunidades. Para llegar a la escuela, generalmente solos, tienen que recorrer largas distancias a pie, usar varios transporte (micro y moto taxi), cruzar avenidas y carreteras, lo cual les expone a sufrir accidentes de tránsito, acoso y violencia. Otro de los problemas referidos a la enseñanza intercultural y bilingüe, es que en las escuelas se impone la enseñanza de culturas ajenas a las naciones indígenas, cuando las autoridades educativas asumen que la mayoría poblacional es de otro origen étnico o cultural; sin respetar las diversas identidades étnicas de los niños, niñas y adolescentes chiquitanos, gwarayos, yuracaré, mojeños, y entre los ayoreos que asisten a escuelas fuera de su comunidad.

Entre los adolescentes indígenas existe un alto índice de abandono escolar ante la necesidad de trabajar o a causa del embarazo a temprana edad. Abandonar la escuela significa que el adolescente postergará su desarrollo personal y no contará con oportunidades para desarrollar habilidades ocupacionales y el acceso a  mejores oportunidades laborales.

Salud

Con relación a los servicios de salud y en caso de enfermedad, la  población indígena urbana acude a los centros públicos de salud o clínicas solidarias vinculadas a iglesias. Sin embargo, los recursos insuficientes y la falta de calidad y calidez en la atención, son problemas que afectan a los sectores sociales más empobrecidos, entre ellos los indígenas, quienes tienen que incurrir en gastos.

Por otra parte, se evidencia que las costumbres alimenticias de los pueblos indígenas han dejado de tener vigencia en la ciudad, al no contar con la disponibilidad de los alimentos tradicionales, más naturales y sanos. La población indígena  ha empezado a ingerir “comida chatarra”, más barata, pero que afecta a su salud y existe un alarmante índice de personas con diabetes, hipertensión y problemas gastrointestinales. También hay una alta prevalencia de enfermedades transmisibles.

Es importante mencionar la situación de alarma permanente en la que viven los vecinos del Vertedero de Normandía (relleno sanitario) que en su mayoría son indígenas guaraníes de las Capitanías de Villa Paraíso, Pueblo Nuevo, Samaria y otros. El vertedero ya ha caducado su vida útil, sin embargo su cierre se sigue postergando. El mal manejo de los residuos sólidos ha contaminado el agua para consumo humano y el aire de la zona, provocando enfermedades del origen hídrico, gastrointestinal y dérmico entre los vecinos del Vertedero.

Empleo y trabajo digno

La mayor parte de la población indígena económicamente activa masculina trabaja en la construcción, la jardinería y en servicios de seguridad. También lo hace en la intermediación y el trabajo artesanal. Por su parte, las mujeres se dedican a las actividades de servicios de limpieza y artesanía; también se dedican a la elaboración de productos comestibles, alternándolas con sus otras actividades. Tanto hombres como  mujeres han diversificado sus actividades económicas; pero al insertarse en rubros económicos no formales, la calidad del  empleo es deficiente, existe inseguridad laboral y los salarios bajos no les permite ahorrar ni generar patrimonio o jubilación.

Algunos jóvenes indígenas son profesionales, pero tienen dificultades para  acceder a trabajos y ejercer sus profesiones, por lo cual terminan realizando otras tareas.

Población indígena y juventud

La situación de los jóvenes indígenas urbanos tiende a gravarse con respecto a la de los adultos. La vulnerabilidad del sector juvenil indígena en fenómenos como desempleo, falta de acceso a mejores condiciones de vida, estigmatización de ese sector y desvalorización de lo indígena es una muestra de ello. Las mujeres indígenas jóvenes sufren además la naturalización de determinados empleos (servicio doméstico), embarazos tempranos no planificados, violencia y alto nivel de deserción escolar.

Dentro de las organizaciones indígenas urbanas, los jóvenes todavía tienen escasa participación,  oportunidades de articulación con sus organizaciones, y vacíos con relación a la asunción de liderazgo de jóvenes. Por ello, y a iniciativa de los mismos jóvenes, están conformando sus  propios grupos según intereses comunes en torno a la práctica del deporte, la música, el baile, la radio y el activismo digital mediante las redes sociales. Casi todas las naciones indígenas cuenta con su propia liga de fútbol y cada domingo se reúne para presenciar los partidos. La liga de fútbol es la también una instancia organizativa que convoca a los jóvenes para tratar otros temas.

Mujer indígena en la ciudad

Casi todas las mujeres indígenas se dedican al cuidado y atención de la familia (aunque no lo asumen como trabajo) y en esta transmisión de roles, de madre cuidadora, muchas adolescentes y mujeres jóvenes se ven obligadas a renunciar a su propio proyecto de vida, porque el cuidado es una actividad que demanda tiempo e involucra compromiso con la vida de los demás. El 56 % de los hogares de la población indígena  del municipio de Santa Cruz de la Sierra tienen jefatura de hogar femenina y ellas son las que garantizan los recursos económicos para sus familias. En varios casos, las mujeres indígenas son madres solteras que están al cuidado de sus hijos y padres. Los roles que les toca cumplir a las mujeres indígenas, en la mayoría de los casos, son tres: el doméstico y reproductivo, el de producción y, en algunos casos, el rol público como dirigentes.

Casi todas las mujeres indígenas han sufrido y sufren violencia de género y sexual, muchas de ellas alguna vez han acudido a las autoridades comunales, policías, defensorías y fiscalías para denunciar actos de violencia, sin embargo, por limitaciones de idioma, conocimiento de las leyes, recursos económicos, dependencia  económica de la pareja, distancias y retardo judicial, terminan por abandonar la denuncia, y viven en un círculo de violencia del cual no pueden salir. Si bien no es posible cuantificar con precisión la violencia de género y sexual hacia las mujeres indígenas del municipio de Santa Cruz de la Sierra, pese a no disponer de información desagregada por origen étnico, se sabe que las mujeres indígenas presentan una situación similar al  resto de mujeres del país, pero con mayores dificultades de acceso a la justicia y protección por su condición de minoría lingüística y cultural.

Identidad cultural

Las seis naciones indígenas que viven en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra procuran mantener sus pautas culturales en la vida cotidiana, pues la reciprocidad y las prácticas comunitarias forman parte de la personalidad social y fortalecen su identidad; pero esto no es suficiente. Se requiere del reconocimiento social, es decir que “los otros” asuman que los indígenas son actores (no beneficiarios, ni ciudadanos de segunda categoría) que intervienen en el desarrollo urbano desde su construcción cultural diferente, pero en condiciones de igualdad. 

Fuente:

  • Censo de Población y Vivienda 2012. INE 2015
  • Nunca Nos Fuimos. Estudio Socioeconómico de 6 Pueblos Indígenas en el Municipio de Santa Cruz de la Sierra. Saldías, Elisa y Casanova, Norma. APCOB e INIFH, 2013.
  • Entre anillos. Estudio sobre trabajo infantil y demanda laboral en jóvenes ayoreos del municipio de Santa Cruz de la Sierra. Elisa Saldías. APCOB e INIFH, 2015.
  • LOS JÓVENES INDÍGENAS PARTICIPAMOS! Diagnóstico DESC de l@s Jóvenes Indígenas de Santa Cruz de la Sierra. DESAFÍO, 2016.